Cuánta información aportan las
estrellas a los navegantes, un infinito mapa que nos oferta millones de
probabilidades que debemos encauzar. Y es que, en la antigüedad, a nadie se le
ocurriría hacer un mapa sin tener en cuenta las estrellas. Del mismo modo los
maestros no podemos iniciar el diseño de nuestras programaciones sin tener en
cuenta el currículo. Algo que está ahí y, nos guste más o menos, debemos seguir
y aprender a utilizar para llegar a nuestros propios puertos.
Es verdad que cuando quieres
empezar a utilizar una nueva metodología, muchas de las dudas de los compañeros
suelen provenir del miedo a perder de vista las estrellas y perderse en el
camino. Por eso me parece interesante señalar en “nuestro mapa” las estrellas
que, si bien no dejarían de estar ahí por no hacerlas visibles, el apuntarlas
puede ayudarnos a darnos seguridad a los nuevos grumetes y ayudarnos a nosotros
mismos a estar seguros de que no perdemos el norte en nuestra búsqueda de
aventura.
Quizás uno de los puntos que considero más aleatorios en esta aventura metodológica es conseguir unidad entre el profesorado del centro para llevar una misma línea alrededor de una metodología “nueva”. Hay que reconocer que, además de la incertidumbre que a muchos les suscita el cambio, también debemos lidiar con la necesidad de reciclarse y adquirir recursos nuevos y el esfuerzo y tiempo que ello requiere. Por eso considero que conseguir una tripulación comprometida y audaz es, no solo un gran logro, sino la mejor de las suertes en la aventura. Los compañeros de viaje nos permiten no solo repartir el trabajo beneficiándonos de las destrezas e inteligencias múltiples de cada uno, sino también favorece que puedas adaptar paisajes de otros compañeros (sin tener que partir de cero) y sobre todo que no estemos solos ante futuras batallas que, como todo gran reto, encontraremos en la aplicación y puesta en marcha de los paisajes de aprendizaje. En definitiva, unidos seremos más fuertes.
Me ha parecido muy interesante el
partir de los criterios de evaluación que nos proponemos para vertebrar a
partir de ello nuestro paisaje y la posibilidad de así asegurarnos de dar
varias formas de conseguir un mismo criterio y hacerlo a través de diferentes
inteligencias.
En cuanto a los itinerarios de mi paisaje, tengo dudas de que en infantil sirvan realmente para que los alumnos tengan una visión global de todo el paisaje. Obviamente creo que es una herramienta que lo facilitará, pero dudo que llegue a conseguirse la completa comprensión pues ellos tienen una visión más momentánea de las cosas. Por eso su uso me parece adecuado, pero sin dejar de presentarles y reiterarles el “proyecto final” que es lo que seguramente más recuerden y usar las fases del proceso como algo que ir trabajando poco a poco. Bien es cierto que me parece muy útil su uso para “iniciar” un pensamiento organizador y planificador en ellos de forma visual, pero sin expectativas de su completa comprensión y dominio. Por supuesto estoy abierta a que me sorprendan, como muchas veces hacen.
En cuanto a las actividades optativas me parece muy interesante el uso de diferentes inteligencias para conseguir un mismo objetivo. Sin embargo, tengo muchas dudas en cuanto a su aplicación en infantil pues, si bien nosotros utilizamos mucho el aprendizaje en rincones, solemos realizar actividades con distintos niveles de dificultad en ellos. El motivo principal es que los alumnos de estas edades requieren de bastante guía en el aprendizaje y es muy difícil atender a varias propuestas con el mismo nivel de dificultad simultáneamente con un solo docente. Una opción sería realizarlas cuando hay apoyo o de forma no simultánea en el aula mientras el resto del alumnado realiza otros juegos, otra programar actividades que requieran de poco apoyo (como en mi paisaje “adivina, adivinanza”). También me generan dudas estas actividades porque a los alumnos de infantil les cuesta el concepto de “escoger” y en la mayoría de los casos tras terminar una actividad te dirán “pero es que yo no he hecho eso…”. Esto supone una dificultad que, como todas, es una oportunidad para trabajar aquello que cuesta, en este caso la capacidad de elección y el concepto de que elegir es renunciar a algo (aunque sea momentáneamente). También se me ocurre que se puede permitir que, si terminan otras actividades pronto puedan retomar algunas de las que no han hecho.
En cuanto a las actividades voluntarias, siempre las he
entendido como una forma de refuerzo y ampliación en el aula. Por eso suelo
situarlas en el juego por rincones y tratar de que permitan adaptarse a la
individualidad de los alumnos incluyendo: libros de ampliación sobre la
temática, juegos de refuerzo auto-corregibles… También considero que está en
este punto las actividades de investigación en casa para compartir los
resultados con los compañeros pues, al situarnos en una edad tan temprana, llevarlo
a cabo requiere de la ayuda de los padres y esto no es siempre posible.
En cuanto a la taxonomía de Bloom considero que, en
infantil, si bien tratamos de hacer actividades creativas y creadoras durante
las primeras fases del proyecto o paisaje, es muy difícil conseguir realizar
actividades que conlleven el proceso de crear con algo de autonomía, pues los
alumnos tienen mínimos conceptos sobre la temática y sus posibilidades de
búsqueda e investigación son limitadas y guiadas. Por ese motivo nuestras
actividades motivadoras suelen ir más encaminadas a la vivenciación y
descubrimiento. Por eso he incluido al principio algunas actividades de inicio
que me parecen imprescindibles para empezar a crear en sus mentes un concepto
inicial de la temática a trabajar.
En cuanto al concepto del tutor como dinamizador de las
actividades concuerda bastante con la metodología en infantil, donde se aprende
haciendo y también con las capacidades de atención de nuestros alumnos. Se
necesitan explicaciones cortas y concretas (12 minutos es hasta demasiado) y
retomar esas explicaciones cuando ves que hay una duda común de forma global o
de forma individual cuando se debe a una falta de atención por el alumno.
En cuanto al bloque de evaluación he de reconocer que, en
infantil, la evaluación tiene en líneas generales las mismas características
que se sugieren en la evaluación autentica exceptuando la calificación que no
se utiliza. Es decir, es una evaluación formativa ya que, desde la metodología
de proyectos que muchos aplicamos, se inicia el aprendizaje interesándonos por
descubrir los conocimientos previos y también los intereses de los alumnos para
poder diseñar el proyecto a partir de ellos. Además se realizan evaluaciones
de forma constante, a través de la observación directa y con esos datos se
reajusta el proceso de enseñanza- aprendizaje no solo a todo el alumnado, sino
a cada alumno en concreto. En infantil no hay un único momento de evaluación,
sino que todos los momentos de aprendizaje son en realidad momentos de
evaluación y viceversa. De este modo, son múltiples los momentos y formas en
los que un alumno puede demostrar lo que sabe y sumando todos esos momentos y
la observación de todos los trabajos realizados conseguimos una visión
sumativa, continua y global de la evaluación.
En cuanto a la meta-cognición del alumnado en infantil su
desarrollo es bastante más difícil que en otras edades, pero podemos tratar de aproximarnos a la escalera de metacognición a través de que los alumnos valoren su propio trabajo, su
esfuerzo… a través de herramientas sencillas como las dianas de evaluación y su
posterior comentario en asamblea o individual con el alumno.
En infantil y para la evaluación también obtenemos mucha información de los dibujos que los alumnos hacen sobre las temáticas y en el “que hemos aprendido del proyecto”, pues es la forma más natural para ellos de enseñarnos lo que saben junto con el lenguaje oral y corporal. De este modo se puede ver que utilizamos diferentes inteligencias para evaluar los conocimientos adquiridos, pues a veces para nuestros alumnos es más difícil expresar lo que saben que apropiarse de los conceptos. Es una herramienta muy utilizada en nuestra etapa y bastante olvidada en el resto de cursos pero que me parece muy útil y que además ayuda a trasladar a la evaluación las inteligencias múltiples ya que permite mostrar un mismo conocimiento usando una inteligencia diferente.
Aunque ya conocía la mayoría de las herramientas que se
proponen en el texto, he de reconocer que me ha descubierto algunas como los
ascensores y termómetros que pueden ser muy visuales para mis alumnos (también
puede ser que los usen de forma menos objetiva porque todos quieran estar
arriba, sensación que no reconocerán tanto en las dianas). Por eso es una
herramienta que me planteo probar en el futuro para ver su utilidad en mi
etapa.
En cuanto a aquellas que suelo utilizar en mi aula destacaría el estudio de los trabajos previos (incluidos los dibujos) y las
listas de control con los criterios e ítems de evaluación previamente definidos. Yo tengo tendencia a realizar en ella una especie de rubrica definiendo no
solo un conseguido o en desarrollo sino 4 niveles de desempeño diferentes (bien
con código de colores o de letras). Es cierto que para algunos de los
objetivos escribo esta rúbrica, pero para otros muchos no, pues son tantos que
resulta complejo. Solo en algunas actividades concretas utilizo rubricas en sí
mismas con los alumnos con diferentes caras sonrientes, aunque reconozco que se
me hace complejo su uso. También en
ocasiones uso dianas de evaluación (estas sobre todo para la autoevaluación del
alumnado) que me parecen bastante rápidas y visuales.
También en alguna ocasión en algún proyecto de clase he utilizado
algo similar a las “insignias” de evaluación (por ejemplo, ganar con la buena
realización de tareas “billetes del cole” en un proyecto de arte que después
nos servían para pujar por obras las obras de arte de compañeros y amigos, o
plumas que podíamos añadir a nuestro penacho indio o medallas cuando mandaban
los trabajos en el confinamiento) y la verdad es que me parecen un recurso
motivador para el alumnado.
Bien es cierto que en muchas ocasiones nos limitamos a
motivarles con caras sonrientes en los trabajos y refuerzos verbales que he de
decir que, en infantil son muy importantes pues son personalizados y ayudan a
mejorar el auto concepto del alumnado. Por todo esto creo que ambos refuerzos
pueden coexistir en la vida del aula. En cuanto a las insignias, me genera dudas
el utilizarlos de forma constante por dos motivos: 1º la posibilidad de que se
aburran de ellas y dejen de tener un efecto motivador, 2º porque creo que
pueden fomentar el que las motivaciones hacia el aprendizaje no sean las
correctas desde mi punto de vista. Considero que debemos fomentar que los
alumnos deseen aprender por una motivación intrínseca y no siempre reforzada
por motivaciones externas al propio gozo de la tarea a realizar y del
aprendizaje en sí mismo.
En mi proyecto del circo me planteo utilizar para la
evaluación las mismas herramientas que ya suelo utilizar, aunque es posible que
en lugar de una diana de evaluación realice una escalera (a modo de ascensor)
que ascienda hasta un trapecio. Esto es una idea inicial. En cuanto al uso de
insignias estoy valorando que formato darles (útiles de los diferentes artistas,
una pista de circo con estrellas para convertirse en el artista estrella de la
pista…) aunque como ya he dicho, estoy de acuerdo en su uso puntual pero no
generalizado.
En conclusión, esta parte del curso me ha permitido conectar
la estructura de mi paisaje con el currículo, reflexionar sobre cómo llevar a
la práctica los paisajes de aprendizaje y sus diferentes modelos de actividades
y entender cómo partir de los criterios de evaluación como eje vertebrador que
sustenta dichas actividades para dotar a mi paisaje de más coherencia y
fortaleza. Un golpe de timón más hacia el destino final.






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